lunes, 10 de diciembre de 2012

EUFORIA (de Londres y Cercanías)

 
 
 




(de: Londres y Cercanías)



EUFORIA


Si me permito el arrebato,
(ustedes aquí no pinchan ni cortan)
podría decir Oh Bella de los Mil Parques.

Uno con Peter Pan y su voluble Campanita.
De molino quijotesco y destripes insolubles, otro.
(Seguir de uno en uno: sería una lata).

¿Olvidar barrios repetidos y distintos?
¿El lujo sobrio por siglos acostumbra dorados a la sobria quietud?
¿Una necesidad decente inagotable en 300 de chorreo?
¿Departamentalizar medianías en antiguas casas
para obreros, o profesionales que se avivan?
El pasado no perpetúa detalles superfluos.

20 mil viejos y jóvenes esperanzando la noche,
las Streets of London,
muriendo y reviviendo de a poco como olvidados,
sin manifestaciones, discretos,
¿tan ingleses?

El inglés tartamudo es la moneda en uso cotidiano,
si accedes a la medianía
mostrarse witty, cortés, razonable.

¡No debes parecer asertivo        debes serlo sin que lo rochen.
La llave del destino.
Pero no pretendas ingresar a los claustros reservados.

Separaciones por pasos a nivel que no pasan
corridas de postes que no corren
una torta de barrios artificiales que no humanan
surgidos de los impasibles surcos
de hierros paralelos que penetran
hasta el mismísimo útero ciudadano.
El tren llega a dos cuadras de la Moneda.

“Do not cross de rails”.
En el Undergrownd de Londres:

Pero acá: no          Acá los militares saben,
aquí más bien tan lejos de allá lejos,
los ferros, para que nadie bombardee los carriles,
(en caso de conflicto verdadero)
fuéronlos de transporte a las arcas privadas:
así asegurados hasta los nietos y nietecitas.

Y allá, es decir aquí, el undergrown conecta
por el metro la sabiduría militar no desquiciada.
La jauría uniformante: no de Londres, obtuvo aquí su criterio
uniformes bruscamente raídos, ya para siempre mediocres
solo una vez se tiene la oportunidad de ser grande.

En cambio, como el gato que ya no quiere sentarse,
un día sentó el culo sobre la estufa de hierro al rojo,
nuestra transada les mantiene desmontados,
no vaya a ser que de nuevo se calienten como a la
parrilla Santos de las Narices Largas y de la cuentas más secretas.
“It takes ages to untangle them”.

Sorpresan calles que conducen al comienzo.
Vías paralelas       bifurcan      a la perdición de los incautos.

Son el Norte y el Sur las dos mitades
unidas por arterias espaciadas
producen tremendo desánimo, sin tino perturbable,
en las mañanas de ajetreo, y en la tardes.

Un dejo de futuro vive un tiempo de pasado.
Con parques para cada gusto.
Una London Road para todo desencuentro.
Cientos de Main Roads obligando al
A to Z
sin él: no tienes corazón
ni excusas donde te pierdas tranquilo.
High Streets: confusión para todo provinciano.
Nunca supimos por qué al amor.
Pero en Londres no vas.        Permaneces.

Ah, vivió en Cavendish Road, y en homenaje al corsario,
llegan decenas de cartas de todas las
Cavendish
filibusteras o nobles de bravura:
es decir, tan eficientes
como cualquier Post Office del Tercer Mundo,
de agradecido, por el tiempo del descanso.

¡Pero los buzones son Rojos!
Los buses son rojos!
Y rojo es el Soho si sabes encontrarlo.






 
 

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