miércoles, 9 de octubre de 2013

DE HURÍES Y WALKIRIAS (desde: Carteros Atrabiliarios, Dulces Energúmenos)

 
 







de: Carteros Atrabiliarios, Dulces Energúmenos



DE HURÍES Y WALKIRIAS






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No sabemos por dónde zamarrear los espejos:
Agarrarlos si hasta al cielo has llegado en sueños
por obra de la simetría tan conveniente tan que emula
corderas a madonas.

Injerto del induce a contra poner sus genios familiares,
los otros turbios no tanto, biselados celajes
o nebulosas hinchazones o anuncios de sorpresas.
Como el aveleño de negro azabache cuyas tímidas penurias
raíces de torcaza al vuelo
han traspasado las córneas y principados.

Un enviado ducho en dragones
inexperto en doncellas, de buena memoria:
El blanquiño y sus plumas rojizas
aguarda y cuida con ternura criminal,
animalejo en celo, culebrillas en el bajo
vientre: mariposas.

Come en tu manito lo que quieras arrebatarle
porque eres cierva de bata blanca
simpáticas pequillas rubias deliciosas
curiosas tetillas palidonas, medias y corsets
dispuestos al secreto,
perfumadas desazones que tu instrumento al cinto
vacilante allá
como llaves de San Pedro, codiciosas
asustan y levantan tremendo
revuelo de plumas en color ajeno.
Tremendo revuelo ciertamente, y desconcierto.

Porque eres el más realista de todos.
Porque bueno estaría que respeten
el turno retrasado que abre hora ante su pueblo
esperante de Huríes y gozos solapados,
mientras él sueña, en sombrío, Walkirias:
pechugas desplumadas, descomunales caderas
tan serviciales, tan secretos en las redes y fractales,
tan muslos de oro nibelúngico, tan esposas por si pasa
tan amoblados donde la tabla de planchar ilumina
devociones y rosarios.

Matronas de increíbles capacidades sosegantes,
rodeando equívocos morenos
donde el rubio ni siquiera cualidad fuera del trigo,
porque acá también el pan es azabache y rincones
como el sudor, o callos sorprendidos
como pezones encubiertos, su azabáchico angelumbo

torrencial         en los ocultos valles públicos
venerado         descubierto como ombligo inquieto

llenos de olivas y sutilezas y alquimias
los muslos, los chucaus, o negras ojivas
donde tu mirada, tu maqui, tus rayos de
hualle temeroso te condenan:
rubia/morena al espejo de las miradas y las tiernas
violencias con que apachurran los secretos.

Así se cumplan las profecías y solivianten los ritos.






   
  



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