domingo, 4 de agosto de 2013

LA LÍNEA JUSTA (de: Londres y Cercanías; el cuadragésimo)




 
 




(desde: LONDRES Y CERCANÍAS)




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LA LÍNEA JUSTA



Podrías enseñarle economía como tiempo
esperanzado, una que otra mariposa
tal vez la redes de Enfield, los subterfugios de las sombras
ciertamente un concierto, dejando de lado el profeta de las barbas,
una aproximación indiferente a elegir
donde el presente de los sueños,
el intercambio de peces y de panes
sugiera, más acorde si la racionalidad
del olvido deseado y el presente imperan venideros:
la práctica hermosura de lo extremo
la vida perdurable aquí en la tierra
como en el cielo el desastre y la carencia.

Distraer con cuentos que diviertan:
el estrechamiento de las falda o la deriva permisiva
de los espejos y sus bailes persuasivos
o la pureza del mercado, su obsesiva
demanda: esa nostalgia re-encausada:
la bella seguro olvidaría los pasos en lo oscuro
esos charangos y conciertos, esas preferencias reveladas
que cuadros mantienen espejados
o el uso de mitines como encuentros.

Quién lo asevera contrario, no?
¿dónde los parques a la hora del otoño?
Quién duda la crítica auto-cruzada?
Disputan la justeza de la línea
velando la pureza de las sábanas.
Sostienen severos: Dudosamente interesados
en una que otra hoja caída en la distancia.

Algo calme la mente.
Ella quisiera olvidar en la duda
la torpeza tremenda de lo cierto.
La economía como ciencia perpleja.
Los bancos como encuentros en las tardes.
Siempre posible una holgura,
para quien conoce las finanzas del mercado.
Retornar el amor a los rieles consabidos:
superar el estancamiento de lo ido:
no saber del tiempo la figura.



   
   



  

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