domingo, 25 de agosto de 2013

LA CASA DE HUÉSPEDES Y EL PIQUE DEL 7 (el 11 de El Paraíso Desubicado)










(también de la parte Vacaciones y Sorpresas
desde El Paraíso Desubicado)



11
LA CASA DE HUÉSPEDES Y EL PIQUE DEL 7



Viaje a los oscuros camarones raquíticos
los sexuales camarones hambrientos en esa agua de barro
esa agua imprudente remansada donde la esperanza
era antracita o como hulla reluciente
las varillas espesas de carne
sobre todo las mundo, el atractivo que atrapa
y llena de sucesos
tentadores ocios urbanos, pero no la ciudad tan lejana.
Tal vez algo del + ilusionado demonio
ya como tosca o lastre o veta caída.

Amarrados misterios, oscuros sudores o carreras
junto al pique, el siete secreto
rumbo al desnudo o la certidumbre del desnudo
o el desnudo de la espera.
¿Imaginas algo + desnudo que la laguna del 7?
Entre cerros competencias y duraciones ardorosas
el laberinto de los chupones
esa posibilidad de renovar los deseos: el retorno
de lo agreste consumido y olvidado en la maraña
de la vida
el frenesí de varas, brazos, contritos pechos
secreta laguna de ocultos tan sabidos e insistentes
meandros del inicio donde o nadas o salida no hay
para nueva esperanza.

Medían el tiempo por veces clandestinas.

Logradas, alejados, del pique jubiloso aplacado ya
tensas esperas rituales
cruces ansiadas, carbones lavados, troncos provistos.
Corrida poderosa e inocente para luego todos en suspenso:
lo hecho por veces no tanto sino lo nunca ocurrido.

Ah, los fragmentos, las piezas. Esos corredores
interminables en la penumbra de las galerías.
Ah, el cierto encuentro nocturno
entonces de día al ritual de los primos y las primas.
Cuando ella sumerge crees que tañe la conciencia?
Los siete desollados tropiezos capitales?
O tan solo uno envidiado de sucesos o furtivas confidencias
en esa ladera del monte virgen
donde ya la exploración es trabajo y su deleite.

La casa de huéspedes sola. Cerrada hospitalaria.
Como loma acogedora y su matorral abriéndose
a nuevas exploraciones:
Gigante pieza álgida de vestigios y restos
álgida de tiempo álgida para todo raciocinio
y cuatro virtudes cardinales como laberinto.
Cavernas secretas, el día pleno y oscuro,
los mayores ausentes según el ciclo de sus imprudencias
ni domésticas a descubrir reiterantes o caprichos
ya lejos de las lianas, los hormigones y laderas.

A repetir el artilugio comedido
la inocencia más culpable
las reglas estrictas del tiempo catatónico
en persistencias, carreras               chillidos
para de allí volver desterrados       nadie
a otro tiempo de lluvias                 ninguno
a otro tiempo de ausencias            cualquiera
distancias y memorias                   contratiempos
los adentros y los afueras:

Palabras Eucarísticas:                    Plegarias: así
la vida no mezquine sus encantos.




  



2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Saludos cálidos Ana. Me alegra tu visita y aprecio
      a ese recorrido en palabras.
      Abrazos, ciertamente.

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