lunes, 9 de abril de 2012

LA VERDADERA RAZÓN (el 40 de: Expropiación del árbol y otros textos)

    
  





  



(de: Expropiación del árbol y otros textos)



40

LA VERDADERA RAZÓN
(El hombre bueno no discute.
Lao Tse)
  
 
  
el sabio no mal gasta, ensaladas de amapolas palabreras
parece oscuramente fulgir cuando sus partidos
sus culebras, sus privados grupis camuflando
el autobombo, cerrados en parejas
como rayo que ilumina y destruye y conserva:

siempre sea un sabio bueno, un apio con palta
a la amistad excelsa y regalona
y no exactamente para algo / ni en el corredor
de los oprobios:

Otras, puede ser mariposas / y angustia: el vacío
que antecede al descalabro
no como el péndulo que baja
como rayo sostenido antes la descarga: el inicio del final:
El silencio que precede a la borrasca.

(Son otros: definitivamente otros
nos llegan en herencia: nos fuerzan la mollera silenciosamente
ratas que corroen la cordura, el edén superado
a puro cambio:
se imponen: nos torturan y silencian).


QUOTE

NO SE PUEDE DOS VECES Y DESPUÉS LA NADA


Introito al altare dei
se abre el texto

Ah, vamos, viejo Heráclito, el lúcido y cambiante
también te llegó
el momento del óbolo, el nítido óbolo
y no hubo barquero, ¿hubo? ¿había cambiado?
Allí nadie se embarca dos veces.

Todo lo vaporoso se va
se huye hacia el ser no existir sonante
el no ente que le dijo, quien te discutía
aunque Parménides nos trate de zoquetes
nos opine permanencias casuales en la creencia de lo bello:
ese trozo suculento / o su ausencia, tan aparte
el camino de la verdad.

No sabía mucho, por eso gruñe y
denosta
pre-supone cuchillos bajo el manto
– ahora excomulgan sus criaturas –
y queda la tierra y su ciclo y recórcholis para
pasmo de atrapados:

¿pero el ser? Muchas flores, muchos damascos
¡Qué pensar + consolador! y triste como aqueso
no + consuelo y metafísica, cuando murmurar
recuerdan las rosas, su perfume
su suavidad de seda artificial cubriendo
los muslos
esos avances y retrocesos para el recuerdo.

Qué modo más elegante – poroso –
de hurtarle el verbo a la evidencia
dueño de fundo extasiado en la deriva
desenrolla el huir del miedo
la condena
los cálidos y húmedos avances en la quietud del jadeo

el viejo miedo a la noche fecunda.

Dos veces no presentarás el óbolo
y lo harás siempre; aún bajo campanas
de oxígeno, ipso facto al inicio de los trámites:

Y después nada para ti – tan poroso –
La nada misma.
Quedan palabras como astillas
y otros palabreros, y ya no lo sabes:

Por eso que se escribe, por eso que se lee
como pasatiempo de lúcidos condenados.

Y ni siquiera armándose aquesto nos conduce
a la vida eterna.

Los ciclos largos, despiadados.
Terribles. No tienen consciencia.
Nítidamente desalmados.

Mmm qué bien huele la mirra, a infancia, a Ítacas

y las Tres Marías seguirán guiñándonos el ojo
y los grandes zapallos, retintos
de tan oscuros
y la orquídea misteriosa.

Se cierra.
Ite misa est.

UNQUOTE

Pero somos idiotillas, y entonces
discutimos.

Mmm.

Nos aterra el silencio.







  

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