lunes, 9 de abril de 2012

LOS ESCOGIDOS DE LOS DIOSES (el 39 de Expropiación del árbol y otros textos)

  
  










(de: Expropiación del árbol y otros textos)




39
LOS ESCOGIDOS DE LOS DIOSES




Y aquellos escogidos, esos que se echan
en las redes,
re-arman sin legos símbolos elegidos,
un milagro de peces,
una tormenta de babas colgando, amados de las diosas,
sus desatadas intimidades la providencia de sus destinos
de gracia y condena y albedrío.
  
De una mirada secan una flor,
o duraznos.
Y no arrepienten.
  
Excelsa un hablante empecinado como maldiciendo
a su creador
o cierta atmósfera libertaria esparcida
a contrapelo presintiendo el suicido programado
del buey Apis y su corte de
recuerdos.
  
Con uno de sus deseos             destruyen la montaña
y de oro rehacen tarántulas      o pantuflas abigarran
en el curso de las líneas            de la mano.
 
Artefactos numéricos o letrados,
artificios de simpática culebra.
 
Sutil relación promiscua del artefacto
que al suelo se venga si sustraen uno sólo
tan solo uno solo de sus materiales dispersos.
 
Solo aglutinan al interior de ese edificio:
 
y bailan                  juntos                        las menudencias,
y cantan                 patéticamente            separados los secretos
como                      si exhaustos,              como si tullidos
                              por la espera,            o enardecen
los recuerdos,        o callan                      quietos,
                              regocijados                al borde del abismo:
Como hechos         a pedir:                      en el total disperso:
 
el vendaval de las arenas del encuentro
sus partes tan variadas,
como lechos revueltos, sastres a la medida,
secretos compartidos.
  
Para el tiempo en que la flor
renace
en la cumbre de la montaña / y su gloria esparce
en la crecida del reflujo y su atractivo.
 
El Genio: clausurando su botella empecina,
los analistas no lo rochan o hablan de los ciclos.
 
Un alma en la forma interna,
cimenta lo superficialmente esparcido,
algo así
como el espíritu uniendo tres distintos:
el mismo hálito, su vestimenta y quien
se autoviste de misterios.
 
Es de genios residir en ese ámbito.
 
Uno así
tratará de hacer trampa extender sombras para embrollos
aún más quimeras y recuerdos,
y que sabios sean lerdos superados.
 
Sospechan un saco de patatas dotadas
de aire familiar,
la misma marca, el mismo saco,
una sola sureña procedencia,
una sola variedad en la inmensa variedad de la tierra,
un signo entrampado en anticipo.
 
Abismante aquel que sigue un plano y sitúa
los ladrillos de su vida en el derrotero
de ese plano;
 
y uno, o dos, pregunta:
 
¿sigue el plano su vida,
o su vida sigue al plano de ese viaje al encuentro
del sí mismo y la huida más que ligera?
 
Y deja un error en su vida
como error en la secuencia
del despliegue de ese plano.
 
Intercambia a quebrar el ritmo del galope
cuando el hablante escucha o Pablo se cae
del caballo y se quiebra la promesa de la crisma.
 
Galope y escritura:
 
uno y lo mismo
o muerto y a lo largo de todo el derrotero,
en el regreso del dormido,
aullar los destinos truchos,
descubrir el entorno,
sufrir la luz de ese rayo,
trisar la permanencia,
futuros lamentos, impotencia desatada
presentimientos del eterno retorno.
 
De cualquiera manera son los escogidos
de los dioses.
 
Un modo de decir tan fraudulento
y certero
como los dioses mismos.
 
Pero qué enorme.
Qué raro.
Cómo atrapa.
 
Si hasta el más grande y simpático:
 
se enreda en el justo sacrificio.
 
 
 




  
   

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