miércoles, 11 de abril de 2012

¿HABRÁSE VISTO RAZA +? (a vuelo de pájaro) el 38 de Expropiación del árbol y otros textos

  
  







(desde: Expropiación del árbol y otros textos)



38
¿HABRÁSE VISTO RAZA +? (a vuelo de pájaro)


(con los debidos agradecimientos
a las innúmeras fuentes tomadas
sin autorización)


Así mismito.
Así no más fue:
 
Un día supimos
que no todo era sólo
                   fornicar
                   consecuencias,
comer         los restos,
dormir        a sobresaltos:
soñar          en la pared
                   y caminar,
mucho caminar, / en espera del alba.
 
Ese día el viento apacible y traicionero,
el fuego acogedor y traicionero,
el agua nutricia y traicionera,
la tierra acogedora y traicionera.
 
Cansados del regocijo:
el dios que amontona las nubes
el dios que tiembla la tierra
la diosa de casco tremolante
el dios que mata de lejos
la diosa insaciable.
 
Y un dios tonante como pulga irascible,
polvorita, la consumación de sus celos,
volcánico, ardor y pesadumbre,
y celoso de sus piedras y pellejos
y apareció en la zarza.
 
Se hizo único.

 
 

 
Para entonces ya sabíamos mucho:
 
que la tierra no era plana,
que gira en torno al sol,
que hay como 400 mil estadios a la Luna.
 
Afortunadamente empalagados

los romanos arruinaron de riquezas.
 
Infecundas sus peleas por la tierra.

Los bárbaros, ganantes en la rencilla,
su libertinaje de espadas y de siervos.
 
Doblegaron la cerviz / ante la Tiara.

Y comenzó la decadencia.
 
Ah, los provincianos de acá nos hicieron

                       el centro,
 
la última chupada del pulgar,

la tierra inmóvil en el ombligo
mismo
de la creación perfecta
sus cielos musicales y vidriados.
 
Un poquitillo trisada observan;

decían:
defecto del cristal con que no la miran.
 
Ah, qué delicia, / hijos de Dios,

como destilado de cansancio.
El mero punto fijo de ese ombligo eterno.
 
La caída en ascenso, una poética

de calderos y parrillas:

 
 
Aunque en arresto domiciliario.

Miró los cielos y vio
el sol perfecto acunaba manchas vio
el Gran Júpiter tonante:
satélites perforaban su esfera de cristal, vio;
Y la misma Citerea: lunática, vio
lo que veía (con defectos en el cristal y todo).
 
Aquel que arrancó donde los réprobos,

a mayor gloria del Dios único,
cálculo tricio ya en olvido, cómo la Tierra
tuesta en torno al Sol, y Marte,
y Venus y Mercurio, elipsis novedosas
vibran con la música divina
ya no tan perfectas en su realismo
de cloaca;
 
y Júpiter poderoso, y Saturno,

como nuez pachucha, vio
y quedó pasmado.

 

 
Todo continuó rapidísimo:
 
El dios cegante no más que uno

de tercera
o cuarta en medio de millones,
y el hombre, (y la mujer en anticipo),
los mesmos hijos de Dios,
descen-dientes de la abuela de la Chita.
 
Y aquí, entre medio, las oscuras fuerzas

de lo soñado
a pesar, explican más
hetairas faldas a media desazón interesada
que las poderosas de la razón
entre corpiños desolados y miriñaques
en receso.
 
Para cuando Kurt Gödel,

ese checoamericano en el siglo XX,
llegado a 1906 años AD,
probó, con su poca nada: platónica pesadumbre,
somos incapaces de pensar, con prueba nutricia,
algo, en su estructura, a la vez consistente y completo,
como hot-dog sin su mostaza,
con lógica que solo sapos capos contumaces
puedan conseguir,
en el torbellino de la duda,
y este escribano no es el caso:
 
ya nadie sostiene muy en serio
que el hombre sea a su imagen y semeja,
frustra más bien mortal;
salvo como oprobio.
 
Cuando la salvación última. Es.

¿Qué es?
Divina consecuencia. Sabernos
lógicamente
finitos, liberados a la altura del unto:
Qué hermosura: no saber de qué hablamos
ni si lo afirmado: verdad.
(sostenido, sin empacho, por quien por tierra echara
que uno + otro es dos y dos es uno).
 
 

 
Lo concreto queda a mano y salvo,
finalmente definitivo, igual
que orquídeas desplegadas
en la fulgurante vida de la avispa.
 
Por eso las orquídeas pueden ser bellas

y malignas, y tramposas, y las favoritas,
que el cielo nos sorben y sonrisas,
y la magnífica serpiente en el calcañar.
 
 

 
Ya podemos caminar y soñar
y dormir, y comer
o fornicar
y sin culpas,
en el atardecer del descanso.
 
La lectura que es como sueño;

y practicar ciencia, lo inconcluso
sin peticionar al eterno.
 
 

 
Ah, pero los ritos permanecen,
los ritos: tan bellos,
 
y los cantos,

y las procesiones,
y la magia,
 
la Kábala,

lo esotérico
el Tarot.
 
La discusión y la guerra.

 
El mercado a nuestra semejanza,

a nuestra imagen, a nuestra vergüenza
y condena.
 
Exactamente, así mismito fue:

 
Como pueblo sin revolución.

 





  
  

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