sábado, 30 de julio de 2011

BRINDIS POR LA RESACA (de Expropiación del árbol y otros textos)







BRINDIS POR LA RESACA






Todo debiera ser solemne donde el vino;
y cuando no:
castiga.

Así la primera planta. Las uvitas.
Así la última copa.
La inesperada cuenta incompartida en la bulliciosa Uva:
la parranda de milenios

o

todo debiera ser solemne cuando el vino.

Complicidad del tiempo y la madera,
calentura del hocico,
muros de bodegas como barcos,
los repetitivos oficios, los velos, los espejos,
los tobillos, los perros muertos al caldo y su fermento,
los orujos, el cuero en botas que desmadra,
las vasijas de greda maternales,
la caca de perro que fermenta tanto como el dueño,
que todo debiera ser solemne como ese encuentro
de abejas y cristales:

las risas de la uva, del amor, del extravío,
las tinajas abiertas, el caldo por los surcos:
las familias arrasadas.

Pero no la cerveza
no la cerveza en este verdadero taller,
con ese literato verdadero, y su amor por olvidados,
en justo la Merced: la marcada diferencia
en el clima de ancestros y fijezas,
donde todo fue casi solemne sin filitas.

Nada debiera ser casual en torno al vino;

y si lo es: abruma.

Heredad del humano y de su nada:
en el trabajo, en el descanso, cuando ritos, cuando olvidos:
en amores y castigos,
leyendas, profecías, sahumerios o sagrados embauques
de parrandas en las laderas de los cerros.

Todo tan solemne, como dentro de una copa dorada que se alza.
Ah el brindis,

Ah, qué metafísica la vid!

Aquella nave de fermentos, vapores,
esas enormes pipas como escuadras en la bruma.

Y esa bodega navegante bajo la lluvia
de las leyendas sumerias
esa vigilia de especies pendientes en su hilo
durante 40 zozobras, durante 40 tormentos:

Ah, qué acuosa la víspera del vino
sus crujidos, vaivenes, solemnes matracas,
nauseabundos encierros,
para un acto de magia y de mareos
una paloma ebria sobre el techo del mundo
el escenario, el caldo primitivo,
su inicio en vapores, solemnes fantasías, y cuentos:
Cuentos de simbólica herejía.

Y al final una bocanada de aire puro, y al seco:
Cómo para celebrarlo! No?

Tras de bambalinas, un macho cabrío sonríe
con sus pampanitos a cuestas, ceñidas las sienes,
surcado de ninfas y desvelos;
correrías para nada solemne de tan espirituales.

Esos desnudos dolores de cabeza,
esas risas, esos respetos al beodo,
esos arbitrarios repartos y teñidos.

Así, hora como en el principio, lo que cambia no es la copa,
es el gesto. El gesto solemne. Ritual.
Iniciático.

¿Somos lo que queda en la resaca?

Las pinzas. Ah, pero si están ebrias:
ahí mismito agarras papa:
y nos bebemos la primera,
y chupamos la segunda,
y resacamos la tercera.

Y cuánta tranca entre pecho y cuenta!
A ella nos afirmamos con todos los signos
posibles /y hasta algunos en demasía

por si las moscas abrumaran.

Hasta el instante que atrapa en subterfugios,
hasta el fin de tu tiempo.

Porque todo es solemne cuando el vino.
/Hasta la sagrada canción del buitre/.








1 comentario:

  1. Todo es solemne, menos el otro día, un placer, gracias por compartir
    saludos

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