martes, 23 de octubre de 2012

LA BIENVENIDA (desde SI TAN SÓLO EXISTIERAS)

 
 




(desde: Si tan sólo existieras)



LA BIENVENIDA



Del amor que gusta tanto, y de su tierra, había traído
su costumbre de casual.

Algunas imprecan la envidia que prosterna.
¿Es posible que el cabello suponga algo más que ritos?
El escamoteo de las promesas.
La manera de ocultarlo.
El desafío.
Una espada de cristal en la salida.
Algunos sucumben al jadeo.
La rucia desafía la memoria.
El camuflaje de los círculos, los círculos mismos.

Cotilleos abultaron comentarios.
No la esperanza. Extrañas historietas.
Un presbítero se da por no enterado.

Al rastro de tu acento, que ingleses extrema, pasó,
como si aun fueras por tu isla: Vestida de miradas.

La estéril mente posa aquel silencio
que curvas ansiosas prometen / y deniegan.

La conciencia del olvido, como anticipo del secar las hojas:
Huraño aquellos ojos supe. (Si es que supe).
Ese dejo que aun nos retuerce.

En días lodosos, el tiempo oculta portentos:
Testarudos viajeros a los pálidos mares
inciertos
descifran estudios desatiempos displicentes.
Una que otra manera.
Como reina de corte imaginaria.

Devoto de razas que asumen sólo palmeras. Y sombras.
O el sol.
Mientras vean la ternura de tus ingles.

Cuando hayamos repetido el designio:
¿Qué será de tu porte desnudo?
¿Recordará el viento las hebras del sueño, la caricia del tiempo?

Juntos perpetraron la consumación de ese aullido
en Rockland, donde el amor enloquece por designios.
En realidad fueron cuatro desazones.

Aún hoy presiento              / y tenue:
El rumor de los instantes     / y grave.
Lo áspero de tu mirar          / para nunca.
La arena                              / de tu voz:

Nadie quiso titubear lo prometido.
Nada será si te recuerdan.
Ni el tiempo sabe de tu paso.
No la historia recoge tu certeza.

No hay escuela que conturbe tu silencio.






  
  

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