jueves, 5 de junio de 2014

LOS FRUTOS DEL BIEN o el 1 2 3 a mano, (el 8° de Algo Como Eso)

 
 







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de: Algo Como Eso







8

LOS FRUTOS DEL BIEN o el 1 2 3 a mano
(seis rutinas para un pasatiempo)

I

La rutina en la noche de los olivos




Se le están mirando hacer rutina / casi como hormigas perezosas
extáticas, así las fresias en invierno en el jardín
la nostalgia como si nada importante / como todo lo extraño
y desaliento y pensado en futuro de previsto:

Polvo levantado, biombo que orienta subterfugios
zumbantes, en la parva decisiones
se le están haciendo, Luna cíclica
rutinarios / en la espera de la noche

esos deliciosos jugueteos cuando no miran
oculta ya en los rasos / las clientes sabandijas
y temores: tan intencionales al atrape / incautos
observando la movida: Los espejos enrojecen de pillados
y cómplices abruman. Porque en los baños atosigan
y revientan y vuelven a la carga.

Al sopesar la sonrisa aparca intenciones o consabidas
esperas / transacciones ahogadas en los vasos
refulgiendo el pozo oscuro donde alientan ilusiones
para nada tenebrosas, sí azulinas, o tintineos rutinarios.

(La rutina es un índice irrefutable de la vida que se mueve
en círculos entre el salón principal, el reservado
y un privado / donde las cosas intencionales y ocultas
ocurren siempre absolutamente
al interior del marco de lo previsto en la medida que el asunto
se vaya calentando y no abrume: siga siga como siempre)

Esos pedazos de piel discretos
Esos cierres relámpagos que nada desvirtúan
ni protegen / de esperas chichas:
El insinuar en el ensueño del aguarde
iniciaste la palabra primera / la apertura
la resaca más apasionada, más comercial:
porque en el principio el verbo arremete
después las miradas-trajines, las acciones-deseos.

Ulises, la inteligencia practica
No se preocupe       siempre regresan
Al rumor y al batir, en la tempestad, vuelven
y los palomares y caminos conocidos re corren
quel sufrir es solo mito redentor
un acalle de conciencias.

Y Angy, mostrando los dientes del resfrío
¿En qué otra soñarían atrapar y movidas?
entendíh, tú, que parecieras abarcarlo?

Mueve como si en la deriva fuera un corcho
así sus viajes van y vienen a flote
y capaz de permanecer donde otros sucumbirían
o todo lo sopesas amplio y esperas
¿es decir como imaginario? o susurros y torpezas? ¿o cómo?

Ahora, tú, Luna, sin abanico alguno donde tus plumas
guarecer de oro los instantes
resplandeces, esos intentos de simpatía
esas mareas y estridencias y ocultas
Ay Luna
esas esperas en la danza de las sombras:
forjando rutinas y cálculos la atracción de los rechazos?

La ciudad dividida en poblas y barrios
y lagunas y alcantarillas

¿Por qué frenéticos en la pasarela espejada
tan sola, los muslos y encantos? Tan como en elipsis a la nada
esos movimientos de estrella o frustraciones?
Las atractivas amapolas de ausencia y lycra
Ay Luna
los purgantes de cinzano diluido
el tintineo / la diversión de arrastres y costumbres
¿si acompañas, si como sombras
tu pregunta si no quieren hacer algo
pre-sabido en la delicia / en la penumbra?
                                y siempre queremos
por qué tan sola?
tan como mariposa fatigada, tan la lobreguez de tu estrella?

Yo se la consigo dijo Ulises al recién llegado
y la prudencia

venera el viaje de la noche salpicando amapolas estrelladas.



II

En la existente tumba del calafate





Llegan en blanco de crudeza o esperanza
como si allí estuvieran perdidas salvo las excesivas
desazones que los espacios de la tela
provocan recuerdos, o la rapidez que retraen
esas fresas oscuras, valentías o certezas
porque no son ellos que producen los avances
aunque sí lo crean
ellas las que inducen
cuando Valentín les viene con un trago.

Medio los carmines de la sangre, los negros
terribles presagian, las cales justo en punto
de la fama y su desgano conducidos a donde
quiere ese dejo como aroma a prohibido

Ah esos seráfico turrones que imploran
ser tomados
como querubines para exaltar la rebeldía o dureza
en el apriete del ansia o la duda.
Afuera la lluvia tintinea el apresuro.
Como siempre se le están haciendo
necesarios, alineados, una resaca de prudencias.

Dos vasos, hielo, limón en rodajas
música celeste, movimientos en desgano
blanca, y dorado, como gusta
aquel vaso, si quebrado emplazarían
ritmo que final no contenga
a evitar la muerte de la ilusión
su entrada a decisiones de orgullo y carencia.

La ilusión debe no ser sofocada en la sequedad
de las rutinas.

(La rutinas son esas práctica aforadas en los
reservados y en los privados de la vida de las
cuales siempre es posible establecer el
orden del discurso)

Y se van a los públicos reservados
donde la carencia luce ausente y promovida
donde el amor, por comunitario, o en patotas y certidumbres
donde los reflejos realzan la presencia
más gozosos, menos perversos o exaltados
imprevistas visuales emociones y pasajes.

Como fresias a destiempo o sombras en espejos
mueven acompasadas provocando

la rotación de las copas y las filas.



III

En la gomina más brillante de los mundos




Sonríe tranquila la mueca bienvenida y alago.

Un buen polvo blanquísimo
una cortina corre el pasado
y en reserva mejor y más confiada
el cacha rochada la onda si queda
irrevocable y en privado, las sabe todas
así los vales acumulen la destreza
como la palanca irrevocable o
las astucias para aminorar la cara larga
de cuenta + arregla + reserva
aventuras, como las fresias esperanzas
turros de esta parte en los sofás de terciopelo
ejercitar goces de llapa en medio de la huida:

cucarachas y grillos, los resquicios afelpados
a tu preferida en los espejos y cortinas.

La pública danza de la noche.
Hasta que hicieron padrinos o fracaso.
Hasta destilar toda la presencia de esperanza
que no llega, que nunca llega y encandila.

Ejercitó la prudencia terrible con esa estrella.
La pasarela en rutinas frenéticas ante los acuerdos
privados y leíbles como seguros o jugosos.

(por ejemplo: una rutina es establecer la ley
de las prohibiciones y lo vedado posible
como manera de predecir los movimientos
acompasado o bruscos en los privados y reservados

del ambiente permitido en su delicia)



IV

En la maravilla de la información




Siguen abiertos, secretos y buenos:

Re consiguen el 1 2 3 de tu celular
resérvala donde el tesoro tan como perdido
el tic tac marca la caja
y 50 instancias y ningún problema
que no abstracto cuando en concreto
no ven Luna que no llora.

Y tu sonrisa de oreja a oreja
y tu lycra de oreja a oreja
y el colaless en sus manos y ruegos.

Porque no es cierto que el mercado lo permita.
Como logia blanca / de muslos y de susurros
o ritos exaltados para descubrir el secreto.

Se aprovechan del mercado.
Del todo imposible sean consustanciales
la metafísica de gracia tan elevada
la trinidad, su parte principal, su motor
como dicen.
Ganan sin siembra de trabajo
como cigarras en la danza
como virus que aprovecha de las sobras
en las sombras de las garras y dispuestas.

Denigrante para nuestra familia, nuestro país
siquiera menciones, desatinos acallados.

No más que pasajeras distorsiones.
Nos vienen de lo originario.


Esas rutinas de la vida.




V

En la desazón del sudor y lágrimas




Qué razón.
Puedes pedir la dicha, esa sombra con la estela quebrada
pero si es la maravilla
la cierta razón de los venires
tienes que afanar, darle en el tobillo
tu trabajo, negrito
así como refalándote de la roca por su musgo
agarra la necesaria, la superflua, mucho curioso
burbujeo cuando de lleno caes al agua
y el problema, si la esperanza lo soporta?
Ves. La querías, ¿tú?

Que te atienda tu mismita hija, y a ti te guste caleta
si no aceptases que la hubieras ensalzado aun +
aún más ferviente después de la manda
ni menos cuando no continuase como margaritas
abriendo sus benditas esperanzas mi bien
mi san hásmelo altirito
amada, y los pétalos
la mal querida
y los tallos
su virgen anunciada estupefacta justo
para el recuento en la visita
la rutina de los encuentros, transacciones
tiras y aflojes, movimientos acompasados

copas y papelillos del asunto.




VI

En la apoteosis del calvario



Tremenda cuática.
Saliste de las deudas.
Esperan porque tal vez: y esperanzadas palidecen
y como animosas cuando sentadas y conversan.
COMO LAS FRESIAS.
En torno a uno los almácigos de la casa.
Solo Lunita lo presiente.
Lo imagina con la frecuencia de la lluvia
o la carencia de semanas.

Todas visten de negro: colores violetas en la sombra
candados abiertos
inciertos en su oscuro cerrojo, su agobio, su risa.
Lunita radia de blanco
lo que en blanco la imagina:
De un estrábico violeta a tiritones azulinos.

Todas olores mentidos: a veces, que ciertos
como si fuera penetrante o levantina
como perfume azumagado.
Lunita efluvia recuerdos, triste, en el rosado sus dejos
buenaventuras su negro, todo destiempo que atrapa
la vida misma, la esperanza, el aliento, el desaliento
rutinario.

LO IMAGINA:
COMO A LAS TERCAS FRESIAS.

Trocan prisas en retrocesos: traspasos orales
como el folklore y los versos
la rotación de las esperas
las alegrías del caminar a las sombras
los movimientos felices y felinos.
Lunita troca su llanto.
Y NO LO IMAGINAS PARA sombra ni fatiga.

En Reservas ocultas, todo a media y completo:
Lunita solo en Privado, en lo cierto de una sombra
en el espejo.
Qué va la dicha y la bulla:
no sería la diferencia o el recuerdo de las sombras.
Lo último que pierde, o el empacho
después de la esperanza en la fatiga
cuando el futuro no percibe o escapa o diluye
la represa abierta a promesas de hora en hora.

Ya tiene cómo financiar su ajetreo
miradas y las no escasas ilusiones de su vida
aleteos,[1] y demoras.

Rutina se están haciendo: necesarias
como hormigas pachuchas diminutas
como las fresias dormidas en invierno en el jardín
cuidado de una espada, un escapulario, un recuerdo
que sin rutinas la vida se haría imposible

y solo líneas románticas en un texto de héroes, más
que de heroínas, o papelitos, serían.








[1] Santiago, 5 de Abril de 2001 y up and down... always down.









   
   

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