lunes, 1 de agosto de 2011

LOS DECADENTES (de Expropiación del árbol y otros textos)





LOS DECADENTES



Tuvieron su oportunidad. Ahora que se callen:

Dejen a la luna, impertérrita, gozar su ciclo. Ciclar el desgaste
de su acabe.

Y en siguiendo tan parlanchines como siempre
¿Qué otra cosa saben: sino vientos?

Esparcir fanáticos,        los en tropos de cucarros
iniciar,                           el destripe de corduras
proseguir,                      aquellas resonancias en las nubes
gozar                             ese como hombre
de la espada,                 su extático delirio
a trinchar                      unos a los otros en nombre
de esos dioses                 poderosos
condenar                       a la purificante hoguera,
                                      sus chispitas.

Asar la carne suculenta para condimentar el recuerdo:

así preservar la buena mesa y las costumbres
de mesurados cubiertos,
coros para la paz mezquina, cocinas de inmensa
podredumbre.

Predicar morales que ni ellos seguirían.

Traficar                esclavos,
separar                 en castas,
sacrificar              vírgenes,
contar chistes       condenados al infierno
mantener              harenes,
escarnecer             los otros,
cantar                   loas al averno

acusar al ingenuo resto,

usar                      parrillas,

dónde, dónde la cordura
que abra el camino de esos que vendrían si
todo
todo no estuviera detenido, torpe en su jolgorio?

exaltar el sendero

gozar los potros, quemar brujas,

obnubilar al oxímoron
primitivo,
ese que atrapa el reblandecimiento de neuronas
cuando las arterias se chingan

dónde, dónde cifrar la esperanza
aún si como buitres planeando por ella en una sabana
que se oculta?

perseguir     placeres,
levantar      hogueras,

empalar, cortar,

colgar pulgares,
abrasar ojos como preguntas,
administrar cicuta.

Producir Dominicos.

Tremendos festines y agasajos.

Preferible acortar?
o esto no acaba nunca, y el ciclo alarga y el alargue
un gritar hipérbola o mesura flojera justificando el acorte
de los mantos, el tañido de los ecos:
la preferencia por lo mediocre que te chinga.

dónde, dónde la campana?

No los escuchen?

Ahora sin temor:

Ya no tienen forma de empuñar la espada,
o dirigirla donde la zarzamora o la explosión de las quilas.
Ahora que se larguen.

Palabras de sombras superadas.

Aunque permanezcan lugares en lo brillante de lo oscuro
ejercerciendo el oprobio
para asegurar huríes: sus ombligos como almendras.

Las niñas veladas para rayos que penetran y que esparcen.

Aún los signos ocultan ritos y penurias.

Manipulantes de herramientas lapidadas. Los más
odiosos y pacatos, como tañido de tumbas sonrientes
tras exuberantes y sapientes barbas
de babas como signos y copihues rezagados.

dónde, dónde?

Lo percudiente
no es de valor absoluto.

Lo que fue avance, decae.
La escritura oliendo manzanas podridas
cuando ya su media noche es pasada
y al hastío se lo oculta en las sandalias.

Así los débiles dinosaurios poderosos.
Así el incasto héroe trágico.
Así los milagros que iluminan.
Ah esos románticos violentos
esos del autobombo por los grupos
de retórica a toda vela surcando
los potreros donde balbucean las vacas sus bramidos.

Así los tiempos heroicos.
Como Sigfridos, como Segismundos
pequeñitos.

Las cruces en busca de su vía.
Los avatares que tanto placer causan o condenan:
Como Longinos y Trapos con sus Cruces
o como rotaso, basuras.

Las medias lunas guerreras, las solemnes piedras
del sacrificio en lo negro/ / manchadas de sangre tumefacta.

Los puñales de sabiduría.
Los simbolistas atrasados.
Ahora que se esfumen.

Esas hadas de ojos gigantes y nu-biles.

Estamos en el tiempo del chicle de la tribu,
del colaless que atrapa, de la electrónica peluda.

Con cuánto empeño el baraje de los naipes,
la diestra valentía en cucarachas,
las razones de floripondios escorialinos basulados
o la cuarta profesía

anuncian los tiempos del final:
El ajuste picota de las cuentas.

Un delirio explosivo en afatimados desates
sus más lúcidos y claros cuando fijos en el lastre
que ni ellos saben. Ni ellos pompan.

Sí, los tiempos finales de esa hermosura
necesaria, cuando el pasado de sombras.
El comienzo de la decadencia: el pacto de gatos y ratones.

Si hasta a las páginas en blanco les pasa.

Llegan     los come cocos del delirio,
                 y no escriben,
pintan,     pixeles metafísicos:
suponen   letras cripto-materiales.
Notas       discordantes.

Pero cuánto lastre soportamos en el trompo que no gira.

La matanza de dragones, enfangar la imaginación
y al tiempo detenerlo.

El enclaustramiento de doncellas,
de picados de la araña anti usurera
como patriótica exhibición del mercado.

La exaltación de las moscas.

La escritura automética
La cuática escritura
La escritura patocrática.

La enajenación de las buenas señoras,
y de esas otras que atrapan y violentan
en su público delirio.

La persecución de los puros a pilas de cadmio
y los impuros a batería de aluminio.
Los poemillas moraláticos.
La fosilización de costumbres.
Los grupos que fomentan la costumbre
de lo insulso.

Si hasta la lengua permanezca contaminada
y resuma lotos con almas y destinos
tras el horizonte, siempre tras el horizonte.

Arsénico oculto en la acuática humedad
o del alma-sangre no tomarás bocado.

Ay, Ay, Ay: como ritualizados tres
para indicio de veintemil revolcamientos de barriga,
espumarajos con sangre, desorbitación de los ojos,
ojos en el ombligo,

leguas tumefactas.

La formación de encomiendas.
La profanación del descanso.
El tráfico en reliquias.
La canonización de vetustos
que fueron voces, cómo fueron,
y ahora acalladas de tan parlanchinas y sandeces.

Y ahora, dónde?

En sus más pacíficas y atractivas manifestaciones
de la urgencia del Supremo
cuando a sus oscuros caminos lo envían y maltratan.

El ultraje de fiestas.
El endiosamiento de lo viejo.
La definición de alma.

Y la sintaxis corto de vistas, y la gramática anacleta.

Ofrecer, ofrecer, al Creador toda la desgracia:
hurtarle el vituperio de su esclarecido mérito
su jugar con cenizas y soplidos.

La liquidación de alcachofas
El destripe de murciélagos
La exaltación del poder
El aborrecimiento del sexo
El endiosamiento del poemilla chiquitino
El fetichismo del rito
La exuberancia de lo oscuro.

Dar gracias. Dar gracias. Al Padre avatárico:

Y la enajenación del sudor. Y el escarnio de la duda.

Una herencia de ¿100 mil años?
no superada en doscientos.

Aunque la putrefacción es rápida.
No más dirigentes y dirigidos
en busca de la gracia.

Después sufriremos, sufrimientos ciertos,
gozos                         duraderos, y aquí,
donde                        de verdad importa:

El uso                        de signos
agarrará papa:

Y ahora que renueven. O se vayan a la diestra siniestra
para siempre y un día.

¿Pero quién hace caso?: si están para entorpecer y arruinar
el comistrajo!


1 comentario:

  1. ...Fernando...me lo lei completo, y cada vez más, y más...pensé, me dije no tendrá fuerzas para seguir escribiendo, va a terminar de repente! pero no, seguias y sigues y creo que este es tu Canto general...y tienes que seguirlo...hay varios poemas alli...hay mucho que decir acerca de lo que "esgrimes" es tu cantejondo, ciertamente no eres partidario del Haiku...sabes lo que es este poema ?
    es una acusacion...es el Yo acuso...es el "defensor tiene la palabra" pero siglo XXI...es una exigencia...es un Anatema, es anatemático de A a Z...suce que aqui en un comentario de Blog no se puede comentar...que algún estudiante joven haga una tesis...

    "...coros para la paz mezquina, cocinas de inmensa podredumbre... Predicar morales que ni ellos seguirían."

    Da para un foro...das mandobles
    de lado y lado...es la caballeria rusticana...es...un poema épico!!
    pura adrenalina para mis viejas venas !!!

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