domingo, 7 de agosto de 2011

DE ÁRBOLES Y DE CUADRÚPEDOS (de Expropiación del árbol y otros textos)









DE ÁRBOLES Y DE CUADRÚPEDOS


Caso raro que a ciertas plantas les llamemos árboles.
Le llamemos: el placer es mi delirio con saliva que gotea
Y además el humano se sienta tan comprometido, tan como
le cae la baba:

como si la vida le fuera, / el pulso violento.
Y ahora, el capitalista se chifla: de chiripa
saca madera, ganancia saca! que a veces, ni siquiera
lee o produce:
arrasa selvas sin más:
no vaya a ser que le adelanten
que no logre matar ni un cisne de cuello negro siquiera:

O como si habláramos de cuadrúpedos y nos gustara,
nos volviera románticos, la cicuta llegándonos al cuello,
bien hablados, verseros
de cuerpo suelto.

Mira, que cuadrúpedo más amorosiento,
una pelolais cálida.
O también, Ese cuadrúpedo dará 50 kilos de bistekes.
Y ya tenemos ganado el cielo.
Qué piel, qué piel la de ese cuadrúpedo. Suavecita,
como para violarla.
Lo que haces a un cuadrúpedo te lo haces a ti
mismo que no lo tragas. Y te cae encima el conjuro patitieso.

Voy a producir cuadrúpedos.
Voy a plantarlos.

Acrece un cuadrúpedo, planta un textillo, entierra un hijo:
leguminosas al aguaite.

Los cuadrúpedos reunidos en la lejanía contra el cielo encapotado.

Raíces en el futuro, tallo a medio paso,
la Edith a contraluz de la tarde,
bifurcaciones alegóricas, hojas que tiemblan,
la tarde que se va esfumando,
láminas de violentas rachas, polaroids geo atrasadas,
y casi cualquier color o facha; (la Lili Hi Lo en el recuerdo),

pero si el tallo macizo, duro, empecinado,
como si irse embobada detrás
del azul del príncipe
alto, gordo, obcecado,
líneas que ni atrapan o mediocres
tieso, empingorotado, retorcido:
jurando la devoción menos interesada:

ÁRBOL. Oh, el árbol.
Cuando ya ni tarde ni recuerdo.

Mmm, madera: el capi listo.
El del autobombo en la locura.

Tremenda cuática.

¿Qué tiene el árbol que obsesiona, surca amarguras
en ese anochecer difuso
apena, ensombra?

Ah, así, solo, / pasa de colado.

Pero en patota: Selvas, Junglas,
Bosques caducifolios, lo que quieran.
De Coníferas, De Eucaliptus fosfóricos, madereros,
o coalas. De tantas Editas:
Bambúes y de pandas.

Lo mismo da si son o no son árboles:
bikines o colalesses:
Bosques de Palmas Chilenas.

La vida en potencia presente y refleja.
La esperanza del nuevo paraíso.

Los pobres cuatro patas no han podido imponer
su genericidad, su robusta clase,
el amanecer donde la nueva silueta recortada
contra la nostalgia:
su albedrío chupamedias. Nada con ellos.

Vacas como bisteques, tiernuchas las ardillas,
como si la harina tostada y la leche dulce
no lo hubiese sido todo,
armadillos musicales,
y entonces se sugieren a modo de capricho:
ornitorrincos venenudos,
o girafas metiches, o pumas para sentirse
estofado de coipo.

¿Cuadrúpedos? Sonso.

El “árbol”, un engendro meramente humano:
ideas eternas! Berenjenas.

Por eso que gustan tanto: todos esos pantalones pescadores:
Para boquiabiertos y verdes, o para cortarlos,
tan rápido como se pueda.
Tan líneas existenciosas que la perturban y remecen.

Apurarse. Apurarse. ¿Quién gana?
O que te parta un rayo.

Al final siempre gana un rayo.

¿Y los cuadrúpedos?

Ah, eso no más que “una palabra” / y ni siquiera bien plantada.



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