lunes, 8 de agosto de 2011

LAS CETÁCEOS (de expropiación del árbol y otros textos)

x fernando reyes franzani, dedicado, con amor y devoción
a GREENPEACE, su obra y su voluntariado





(de Expropiación del árbol y otros textos)


LAS CETÁCEOS

 

  
  
Como medio ciclo que la cerdo-cuasi en las arenas regocija:
Esa media hora del encanto
 (Las aguas, una aparición ensoñando embobada
lo seríamos
si fueran las delicias)
y avergonzada: volvió a la mar:
que es,
no fue el morir, ni mucha adrenalina:
(a dar las pezuñas afirmando letanías)

El origen certero, la forma movediza.
Esa enormidad en los vaivenes donde risa la luna
y no jadea o sofoca su provocante largura,
conmociones desde la espina / al cerebelo empecinado:
cuando corcovos del tálamo controlan el destino de la especie
y los ruidos, signos perfilan y no perturban:
esa glora media hora lanzada en volutas y gruñidos.

Como nutrio-barba acuo-térrica espumada
evitando quemaduras del poderoso / o su piedad condescendiente:
Estimado de su adverso-nutria en barros de solazo.
Aquello mantiene en vilo: despiertos y procaces
la imaginación desata, secas líneas atrapan ni una onda
de lo bueno, pero la figuran.

Y alegró tanto su espejo-foco:
Su aperrar en su adelante seguir peces y moluscos
y a focas-anchas su empalago / y corretear
para media hora de solazo perdida y en compensa.


Horror de los hábitos-curas que aún no diestros ni locuaces.


Y arrogó siniestro. Desgarró la diestra espuma
el libre fluido de las aguas
él útero gigante: su media hora de tiesura.

Por ser más que los peces diole en cambio de orgasmillos:
Más que dulzura vertiginosa:
Más que el paraíso allí en las aguas nunca quietas:
Amarisó patas jadeantes, acuatizó la cola tiesa,
gluglisó sus jadeos del averno, su lisa exquisita por media hora:

Transforma sonrisas delfinarias, los gruñidos, esos
que atrapan la lúdica primera,
delfines paganos como asesinos inocentes,
salvaguardan primos hermanos, los torpes
desterrados que los hieren
o coquetas enormes elegantes, de barbas y peinetas,
y hasta formas sonares: monstruos y grasudas.

Del color de lo terrible.
  
¿Habrá alguien atrapado tanto más enorme y bello,
en la sapiencia de lo extraño
sereno y poderoso, líneas que arroban certidumbres
la Azul, la poderosa de los viajes, su atractivo de turistas
aceite cuaternario, cuánto aceite, cuánto filete
en desperdicio de malevos, cuánto embobar la creatura?

(No más meras uterancias cuando ya la codicia
arrasó con la cordura: y sólo permanece de amarillo
o se oculta en boreales)

Si hasta quejona y misteriosa, y réqueta productiva
bien atrapada, bien en su danza de perpetuos,
el arrobo profundo en los llamados
video de antiguas espermas, las cicatrices,
el épico combate en el abismo, ululación de los encuentros
los libres infinitos a cambio: de esa media hora.

Mezcla natatoria en el revolute del hartazgo.



Lo excelso símbolo si blanco, con su ojo
vengativo.
Para el solazo de la estirpe.
  
¡Sólo el más diestro atreve calamares de combate
gigantes en su destino! En lo salvaje del mito y su
delirio.
  
No olvidar:
Nunca el desencuentro: tiempo hubo: certidumbrehubo:

las cetáceas

las hermosuras diestras en el nado de la vida
y algo más: hubo desdicha ¿cuánta manteca?
Hubo codicia, hubo que persiste.
  
  
Al parecer nacientes soles
atardecientes rojos
aún como filete.
  
Chasquean sus lenguas, cuentas los futuros turros alcancías
treinta soles nacientes o vikingos deslavados.

Algo reventable en sangre, como apetética ternera
para el lucro de lo abstracto
socorridos llamados a la ciencia o a los tátaros

    

establos a destripar viva o muerta,
camufladas
lo samurai de lo pirata, de lo más contumaz
lo terco. Sangrando la espuma
enrojeciendo las arenas
brindando sake sonriente sus verdades banqueteras
y el ginebra en los blancos salones estirados
la perfidia, el codicio relamido: el olvido de esa media hora.
   
Los Sóviets, retrasados, su adelanto conventual,
su apenas cuarto de segundo,
parecióles mero su poco lubricante: y con esas otras
feroces menudencias, acabaron de ladrillos.

Sólo las galápagos solemnes, las sequoias re-solemnes,
los pehuenes recontra- réquete-solemnes,
el solemne alerce y otros privilegios,
más lentos, tan perezosos, tan como ángeles del pasado.

Ahhhhhhhhhh, más nostalgia que con la Lili Hi Lo.

Destripar
cuartear la belleza, freírla, mostrar la hilacha:
fabricar líneas pichiruches, irse de azafata
los campos bobarianos donde un gallito pavonea
su escasa permanencia: su refocilo en lo mediacro:
Urdir lo feroz de lo ya civilizado. La astucia del dinero
cuando rige la ganancia y el sudor exprime:
no ya la vida, si apenas la muerte, en su estertor de permanencia.


¿Debiéramos organizar parqueos contra los autos del sol:
si sólo ya atardece y reniega de los mares?
Sin símbolos regresamos al establo y ni el Heracles
nos salva, ni apetece.

¿Creen en pilotos donde Truman, Truman, sus secuaces,
han estado reencarnando?
Truman: sus yodos radioactivos?
Así condonar la certeza del mercado: que el océano rechaza
y la tectónica sacude.

¿Ballenas o Sony?                   y no hay cancioncilla que valga
                                                y el ulular condena
¿Ballenas o Mitsubitshi?          fuera los camiones fuera los tanques
                                                quien percibe polvo radioactivo
                                                mata la esperanza: acongoja
¿Ballenas o Toyota?                desconchinfles de carritos
                                                el sol allí no nace
¿Ballenas o N.E.C.?                 ni la electrónica los salva.

Y que Truman, Truman, sus rubitos con azules,
dejen para siempre en el caldero
solazando protones, hirviendo radioactivo: su vuelo a los infiernos.

Seguro que las dejan degustar rapidito.

Y después?:

De inmediato: batido espumante a los noruegos
desatados renovando correrías:
salvando la profundidad
los cantos, los llamados, el antiguo batir de la belleza:

de eso se trata
perpetuarnos. Excelsar sus almas derechito a los infiernos.


O no estaremos para cifrar sonares, (que seguirán), / y como
superfluos los que en dos minutos acabamos.

¿Reivindicaremos esa media hora?

O no tendremos ni un futuro
ni una nueva puesta de sol que sea nuestra.




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