martes, 23 de agosto de 2011

REFLEXIONES OBLICUAS ACERCA DE “BÁJATE PACHECO” (de Expropiación del árbol y otros textos)





REFLEXIONES OBLICUAS ACERCA DE “BÁJATE PACHECO”





Los artistas de circo son superiores a Pacheco.

Porque saben dar invertidos y saltos cuadrúpedos a corcel,
y pintarse la cara como sonrientes o despejados.

También le hacen al espejo.

Y los dan sólo por el placer y el vértigo en sutil
correspondencia de pelotas azules o comparsas / o rosas de la infancia
permanente
con los salud al inicio del banquete.

Si diesen un corcovo, en retroceso,
habría de catacumbas, como el querer saber
o prefirieran cabalizar el número o transar una carrera.

Saltar, en vez de, o mirar divertidos, cómo lo hacen
tan serios con sus tristes manchas y monturas
los cuellos arbolados y rouges en despliegue.

Libérrimos, que es como si entristesieran de verdad o entre ( );
o echar los pétalos muy adentro del convite.

En las copas de la salud, de los brindis ganados, esas brusquedades
que lo asaltan como cólicos hepáticos o
afinidades bonifácicas y sutilesas de número:
complejos en sus desarrollos areneros y de carpa
escurridiza.

Proféticos, o rosas opusculares o azules, analógicos de verdad,
y copas pagánicas / o brindis mistéricos con suspiros
sebastiánicamente deliciosos / y ocultistas de tan renovados:

eso es dar saltos mortales en la pasarela y reír las consecuencias.

Por eso que los mira despreocupante y pobrérrimo
como a regañadientes aceptando el retorno de la sonrisa
no sea que rompan la crisma
y sea responsable de no querer montar el adviento.

Porque no querer brincar es como todas esas rosas
todos esos vasos perdidos allá tan lejos
todas sus correspondencias saltincósicas, o ya desertadas,
ocultas siguiendo lo vano
en el discurso
en los banquetes inaugurales del milenio.

O, para el caso, esos artistas de circo
y sus despliegues a toda carrera, a toda vida,
a toda displicencia divertidos
y esos caballos pintados y cubiertos
tan campantes, tan difíciles de manipular
fuera para abrir la boca y ya no cerrarla
así como el paso de la centuria que se arrastra y permanece.

Y tanto el peligro no alegra entonces:
los artistas de circo, esas cuerdas al abismo,
no serían superiores a Pacheco

y éste tendría que subirse.

O al menos le parece a los caballos,
a las sopaipillas, a los popcorn divertidos.

A pesar que lo fuera muy adentro:
todo lo cual no contiene la menor verdad.

¿O la connive?

Hay uno, en purgatorio, que lo sabe.

A las puertas de su ante-terrenal divertimento. Ya casi
en su salida de purgado: Lo cual
sepa: como a todo un brindis de homenaje,

mutatis mutandis, las sencillas realizaciones,

lo perdido, lo in-no-sí-epto o lo complejo de las playas,
sus albedríos en la ladera o los barrancos húmedos,
apalomados y negros.

Por eso que los artistas en la arena, aún si romana:

no son superiores a Pacheco.


3 comentarios:

  1. No comunica nada de loca-lista que es

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  2. ...Lo he gozado, como todos tus textos...veo que una anónima creatura dijastró la palabra atroz...parece que no digestró tu poema...bueno hijo, no se le puede dar gusto a todos y a todas como decia Marilyn Monroe...the thing is...que a un grupo de nosestros nos gustas y estos daguerrotipos sebastianicos, instantaneas de antes de su insiesta...son geniales...no son Becquer ni sus suicidarias golondrinas, por supuesto que nones...pero es muy Lope y Quevedo...eso es la crónica y el poema : vigente, vivo, bofetada resucitadora...habilidad humoristica,
    rayito lazer para que se despierten los jetones...bravo Fernando...ufff...imaginate...
    cuantas veces Nicanor o Pablo fueron tratados de atroces...that's life...

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