domingo, 8 de septiembre de 2013

AQUEL retorno persistente (de: El Paraíso Desubicado)








(desde: El Paraíso Desubicado)




15
AQUEL retorno persistente



Entonces fue ese tiempo tan especial
de blanco,
la miseria, las flores marchitas, los vasos de bronce:
Los velos ocultan huesos prudentes,
gusanos. Reincidencias sostienen discontinuos las reiteraciones
del ensueño.

La costumbre del paseo, de los cuadros, marcan
y marchan presurosos al altar en nueva bienvenida.
Dejan las prendas caer como medias que hunden
sostenes que derriban
huesos que murmuran
miradas que cloquean estrictamente neutrales.
Las 14 columnas en la nave anclada con destino
al olvido y la costumbre.

Fijas ojeadas penitentes y suspiros.
Uniformes al acomodo en muestras y marcajes.
Cuando sólo el pelo nos crece o las uñas.
Allá donde concentran las visiones,
las vértebras o el cóccix,
cirios, o los fémures contritos
donde el sofá perpetra intimidades.

Porque siempre un dejar ir,
siempre el caer de tumbo en risas.
Como de piedra a piedra y la mentira.
Rituales de apertura a otra vida más etérea
más ajena en sus misterios y retrasos.

¿Vendrás mañana?

Por supuesto que mañana
al rosario o al incienso o a la espera,
a las flores y deseos,
sonrisas o velos tan devotos
tan de manos labios y castos y misales.

Cuando rectos al festín de las carnes
dolorosas
por lo estricto del banquete.
Volvían cual regocijo de los tiempos.

Como vientre consumido de gusanos.
Como certeza en caída de semillas.
Blancos pasajeros, blancos
llenos de esa urgencia de cenizas y deberes:

Sobre todo los deberes: Secretos y olvidados.
Como huesos que se esparcen.




  

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario