sábado, 28 de septiembre de 2013

Y EN EL CENTRO DEL MUNDO HABÍA UNA esperanza (de: Carteros atrabiliarios, dulces Energúmenos)

 
 







Y EN EL CENTRO DEL MUNDO HABÍA UNA esperanza




20



No. No ofendas, ni murmuren
si hubieran rechazado la gracia, entonces desterrados
entonces al sueño diurno, a las delicias de las nubes
a las tinieblas de los quesos y los murmullos de las ostras:
También aman caricias de chanel
También aman el monumento a la torre:
donde la laguna quieta impone su destreza:
Esa doble B desnudísima, verdadera noche
aquellos gemelos apuntalados a media pierna
aquella mojada camisa
aquel jazmín despiadado
como una cortesía salpicada de escamas prueban
la imposibilidad de la derrota.

Y en la penumbra quién no recuerda esa escalera
larga y corta, jadeos que el cielo habría a nubarrones
glúteos dediosa más que embelesada a la sombra
vibrantes algodones
cautivas las ansias de salir curtidos o raleados
fruncimientos de labios húmedos, crepusculares
blusas tersas, baby dolizados demonios
mensajeros pajosos de mezanina. Y recién creada
la respuesta sin ni una pregunta que indique
la rutina, sin ni una esperanza en atrapar la dicha.

Ay ay ay angelitillo diestro
él también no más que otro con su cola quebrada
con su en busca de plumas al vuelo
con su encuentro de sonrisas enigmáticas
arrumbado en el desván / porque no supo avanzar a tiempo.

Hoy serías que alemana
paseantes por Chile, o hasta Rosario
olvidando tus números, remeciendo sus cajas
hipnotizados contratantes de magia andrógina
o despilfarros suculentos
rondando la impotencia de nuestro curioso desatino.

Ah, pero la luz. Siempre la luz.
Siempre habrá luz en los infiernos.






  
  

No hay comentarios:

Publicar un comentario